jueves, 11 de mayo de 2017

Saber Esperar




"No hay nada más sencillo, satisfactorio y reconfortante que, a la cabeza de un joven grupo activista, practicar política de puño, hablar y actuar como lo manda el corazón, llamar a un sinvergüenza "sinvergüenza" y a un estercolero "estercolero", dar una bofetada de ser necesario a un mentiroso, traidor y canalla notorio, decir y también hacer lo que toda persona decente piensa y siente; en suma, proceder con toda franqueza.

Más difícil es ya, acercarse sigilosamente desde la emboscada a la víctima, rondar como el gato a la papilla caliente, poner buena cara al mal juego, cerrar un puño dentro del bolsillo y apretar sólo para sí los dientes y sisear “¡canalla!”. Pero lo más difícil es como fiero lobo ponerse la piel de cordero, colocarse la máscara del hombre vulgar, ser indiferente entre indiferentes cuando por dentro arde un volcán, cuando día tras día y hora tras hora te persigue el diablo y quisieras a veces estallar en un insensato aullido de rabia por odio y sed de venganza.

Pero también esto debe ser aprendido. Un revolucionario debe poderlo todo. Prueba de espíritu revolucionario no es solamente el pegar, sino el pegar en el momento justo. Estar pronto lo es todo. Ir a parar a las cárceles, ser prohibidos y derribados a golpes de cachiporra, eso al final lo puede cualquiera. Pero desencadenar pasiones volcánicas, despertar erupciones de ira, poner en marcha masas humanas, organizar el odio y la desesperación con cálculo glacial, por así decir con medios legales, esto distingue al revolucionario del subversivo.

Yo sé, esto huele a compromiso. Pero dime otro camino para ir al cuello del enemigo y cuando él quiere golpear, quitarse amablemente el sombrero y susurrar: "¿Qué te he hecho yo de malo?" También la revolución ha de ser organizada.

Revolución no significa otra cosa que la irrupción de una nueva postura anímica con contenidos espirituales y políticos de dirección distinta, y cuando el revolucionario está convencido interiormente en forma tan inconmovible de la validez y de la necesidad de esta irrupción, que de ser necesario estaría dispuesto a sacrificar por ello su vida, entonces también encontrará medios y caminos para poner en marcha prácticamente esta irrupción.

Las revoluciones tienen su característica en estos contenidos mismos, nunca en sus métodos. Las posibilidades de realización son mutables. Inmutable solamente ha de quedar lo que debe ser realizado.

La crisis de la vida político-económica alemana que hoy sacude en conmociones internas prolongadas a nuestro pueblo, es para nuestro desarrollo la época más fructífera, pero también la más peligrosa. Porque somos activistas, nos parece que las cosas avanzan con extrema lentitud. Siempre estamos a punto de activar y perdemos entonces la paciencia y la sabiduría de la acción; queremos suplir con valiente “rompe y raja” lo que la evolución natural de la crisis frecuentemente nos retiene en forma tan cruel.

Y he aquí: donde uno quiere echar a correr, se siente detenido por el que marcha adelante. Donde uno quiere gritar, su vecino le cierra la boca contorsionada por la ira, ¡Sí, esto es insoportable! Pero más insoportable para el que está a la cabeza que para aquél que marcha en las filas. Allí cada cual lleva su paquetito, pero el de arriba tiene que llevar también una parte de todos estos paquetitos y tiene que llevar el suyo propio además.

¿Creen ustedes que a nosotros no se nos contraen también algunas veces los dedos? ¿No saben que nuestra pluma una y otra vez quiere escribir palabras distintas a las que permite el intelecto que analiza friamente? ¿Es que no oyen ustedes que la voz quisiera hablar de otra manera que la que permite la reflexión calculadora?

¡Saber esperar! Esto es lo importante ahora. Para los de arriba y para los de abajo. Creer en la fuerza revolucionaria del Movimiento, aunque transite honesta y pacíficamente sus senderos aparentemente burgueses.

No son los vengadores más eficaces los que bañan su odio en ira y sangre. Lanzarse fríamente al pellejo del adversario, tantearlo, espiar dónde está su punto vulnerable, afilar la lanza ponderada y calculadamente, con exacta puntería introducirla en el flaco descubierto y decir quizás por encima, sonriendo amablemente: "¡Disculpe, señor vecino, pero no puedo de otra manera!" Esto es aquel plato de venganza que se saborea fríamente.

Sí, dices tú, pero los comunistas sí son terribles, esos arremeten como Blücher. Ciertamente, también yo lo sé. Pero ellos se pueden dar el lujo. ¿Has visto alguna vez que un presidente de Policía berlinés mandase parar la cachiporra de sus soldados cuando caía sobre nuestras espaldas?

Una revolución que goza de la benevolente protección de los poderes que ella combate, no es una revolución, sino una revuelta. Acá el espíritu de irrupción se sustituye por el sucedáneo de un método radical tolerado oficialmente. ¡No! ¡No! Así no llegamos a la meta. Se trata ahora de organizar las fuerzas que están movilizadas en nuestras filas.

¡No hablen mucho, sino trabajen! Aprendan a tener convicción sin estruendo. La espera nos aprovecha mejor que a los que queremos destruir. El tiempo trabaja por nosotros y si trabajamos mano a mano con el tiempo entonces podemos observar confiada y tranquilamente cómo el enemigo empieza a cocinarse en su propia grasa.

¡Aprende a callar! Así reza el primer mandamiento del revolucionario.
¡Aprende a esperar! Así reza el segundo mandamiento del revolucionario.
¡Trabajar es el imperativo de la hora! Y luego...

¡Esperar en silencio!"

(18-XI-1929)

-Dr. Paul Josef Göbbels; del periódico "Der Angriff".

miércoles, 10 de mayo de 2017

El Pueblo



¡NOSOTROS EXIGIMOS!
El pueblo alemán (Los Pueblos del Mundo) es (son) un pueblo de esclavos. En materia del derecho de gentes ocupa una categoría inferior a la de la última colonia de negros en el Congo. Se nos han quitado todos los derechos de soberanía, y ahora somos lo suficientemente buenos para el capital bursátil como para llenarle sus bolsas de dinero con plata de intereses y porcientos. Esto y no otra cosa es el resultado de una historia heroica de muchos siglos.

¿Hemos merecido esto? ¡No! ¡No! Por eso exigimos: que se proclame la lucha contra este estado de oprobio y miseria;que los hombres, en cuyas manos entregamos nuestro destino, tengan por justo cualquier, pero cualquier medio para romper las cadenas de la esclavitud. En nuestro pueblo hay tres millones de seres humanos a quienes se les niega trabajo y pan. Los hombres públicos, es verdad, pretenden ocultar con engaño este estado deplorable.

Hablan de saneamiento y franjas luminosas en el horizonte, y mientras a ellos día a día les va mejor, a nosotros día a día nos va peor. Cada vez más se desvanece la ilusión de libertad, paz, y pan, que se nos mostró con engaño cuando quisimos tomar en nuestras propias manos nuestro destino. El derrumbe total de nuestro pueblo será el final de esta política irresponsable.

Por eso exigimos: para todo alemán productivo el derecho al trabajo y al pan. Mientras el soldado del frente defendía con su vida a la Patria en las trincheras, vino un cualquier mal negociante judío y le quitó casa y campo. Ahora el judío está sentado triunfante en los palacios; y el proletario, el combatiente del frente, vive miserablemente en covachas, para las cuales la palabra “habitación” no cuadra. Esto no es ni necesario ni inevitable, esto es una injusticia que clama al cielo.


Un gobierno que mira esto pasivamente no sirve y debe desaparecer. Cuanto antes tanto mejor para nosotros. Por eso exigimos: vivienda para los soldados y para los trabajadores alemanes. Si falta dinero para construir, entonces echar fuera del país a los intrusos, para que los alemanes puedan vivir sobre el suelo alemán. Nuestro pueblo crece, otros pueblos desaparecen.


Significa el fin de nuestra historia si mediante una moral cobarde, podrida, se nos quita la nueva generación que será llamada alguna vez a terminar nuestra misión ante la historia. Por eso exigimos: tierra, sobre la cual crezcan granos, para alimentar a nuestros hijos. Mientras soñábamos y dormíamos o perseguíamos extrañas quimeras irrealizables, se nos ha robado nuestro patrimonio.


Se afirma hoy que esto fue un fenómeno fatal. Pero ello no es así: el dinero sólo pasó de los bolsillos de los pobres a los de los ricos. ¡Esto es engaño, desvergonzado y vil engaño! Sobre esta situación de pauperización triunfa un gobierno que en el interés del orden y la tranquilidad no se puede caracterizar más perfectamente. Si representa intereses alemanes (del Pueblo) o más bien los intereses de nuestros verdugos capitalista, decidir al respecto lo dejamos a cada cual.


Nosotros, empero, exigimos un Gobierno de trabajo nacional, hombres de Estado que sean hombres y para quienes la creación de un Estado alemán sea objetivo y razón de su política. Todos tienen algo que decir en Alemania (en cada Nación), el judío, el francés, el inglés, la Liga de las Naciones, la Conciencia Universal y el diablo sabe quién más... Solamente el trabajador alemán (de cada país) no.

Debe agacharse y trabajar.

Cada cuatro años elige de nuevo a sus verdugos y cada vez todo queda como era antes. Esto es injusticia y engaño. Esto no necesitamos sufrirlo ya más. Tenemos el derecho de exigir que en Alemania (en cada Pueblo) sólo tenga algo que decir quien como alemán colabora en la existencia del Estado, y cuyo destino está encadenado al destino de la Patria, en la fortuna y en la adversidad. Por eso exigimos: ¡Destrucción del sistema de explotación! 
¡Que venga el Estado de los Trabajadores Alemanes! ¡Alemania para los alemanes!
(25-VII-1927)
Dr. Paul Josef Göbbels; del periódico "Der Angriff".